Epitafios curiosos: últimas palabras de grandes escritores

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Los epitafios de algunos grandes escritores  demuestran su curiosa visión de la vida

Haber llegado a ser reconocido como uno de los grandes autores de las letras, ya sea a nivel nacional o internacional, es al menos una garantía de ser una persona con un alto nivel de creatividad e inteligencia. Pero esto no es todo: muchos grandes escritores tienen un concepto de la vida cuanto menos que particular. Y lo demuestran con sus epitafios curiosos.

Algunas de las frases con las que han querido ser recordados a través del tiempo escritores de todos los tiempos merecen, como mínimo, una pequeña reflexión. ¿Lo comprobamos?

Epitafios curiosos de escritores españoles

El carácter escéptico de Mariano José de Larra tuvo algunos de sus mejores ejemplos en las reflexiones que el escritor sobre España y la manera de ser de los españoles. El escritor siguió con la misma filosofía para crear su epitafio: “Aquí yace media España, murió de la otra media”.

Por su parte, Enrique Jardiel Poncela veía también con particular ironía y escepticismo su relación con la muerte y con la fama. Para ser recordado a lo largo de la historia, el autor español hizo un llamamiento a quienes le conocían: “Si queréis los mayores elogios, moríos”. Y no solo eso, en otras ocasiones también jugó con el tema de la muerte, como  cuando afirmó   “No  sigas la luz al final del túnel, aprende de mi ejemplo”.

Los epitafios internacionales

El cineasta y autor literario Billy Wilder hizo gala de su gran sentido del humor adaptando la frase más conocida de su mítica película ‘Con faldas y a lo loco’ y escogió como curioso epitafio “Soy escritor, pero nadie es perfecto”.

También el provocador  Charles Bukowski quiso que se le recordara con una frase cuanto menor que especial y usó para su epitafio una práctica sugerencia: “No lo intentéis”.

Por su parte, Francis Scott Fitzgerald hizo gala de la personalidad que reflejaban algunas de sus obras más conocidas, como “El gran Gatsby”, para definir su vida y su muerte y afirmó que “Estuve borracho muchos años, después me morí”.

Finalmente, no podemos resistirnos a reproducir el curioso epitafio de uno de los genios literarios más reconocidos de todos los tiempos. Shakespeare quiso ser recordado con los  siguientes versos. Todo un deseo de tranquilidad eterna.

“Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado.

Bendito sea el hombre que respete estas piedras y maldito el que remueva mis huesos”.

Emily Dickinson, que fue una de las poetisas norteamericanas más admiradas, pese a que sólo publicó en vida siete poemas, escogió para su epitafio: “Me llaman.”

 

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