La última obra de W. A. Mozart: la famosa misa de Réquiem

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El misterio que se esconde detrás del Réquiem de Mozart

 

 

En términos de música, la modalidad religiosa clásica ha sido una de las más prolíficas y variadas. Uno de los géneros más cultivados y difundidos en la cultura occidental es la misa, que incluye una infinidad de variantes de distinta índole como es la misa de Réquiem.  Se considera el réquiem como un canto religioso romano de culto católico, compuesto por un conjunto de partes variables y partes invariables.

También conocida como “misa de difuntos”, el réquiem ganó popularidad entre los compositores de prestigio del siglo XVIII, tanto por la toma de consciencia de poseer una vida fugaz y sucumbir a una muerte inexorable, como por su profundo contenido dramático. Celebrada durante la ceremonia funeral en nombre de la persona difunta, el réquiem es un canto que alaba la serenidad ante la muerte y augura la esperanza ante el futuro. Una intención psicológica de paz y consuelo.

El réquiem de Mozart es sin duda el comienzo de la interpretación de réquiem por los mayores compositores del momento. Puramente subjetivo, y altamente dramático, el célere réquiem de Mozart es una reflexión simbólica individualista sobre la propia muerte del músico.

Objeto de un misterioso encargo por un cliente anónimo, el mítico Réquiem fue la última obra escrita por el célebre austriaco. Con una existencia rodeada de misterio y controversia, se especula que este réquiem quedó inacabado. La identidad del responsable de finalizar la composición es tan dispar como disputada.

Según numerosos estudios, el personaje que se esconde tras el incógnito cliente sería un excéntrico aristócrata y compositor aficionado, que tras la muerte de su joven esposa, desea honorar su fallecimiento con un pletórico réquiem que daría a conocer como obra propia.

Depresivo y solitario, Mozart interpretó este encargo como un mensaje de la muerte, una señal que auguraba un lento y paulatino envenenamiento. “Yo sé que tengo que morir…lo escribo para mi mismo” fueron las desoladoras palabras pronunciadas por el compositor.

Una vez fallecido Mozart, su obra, incompleta fue concluida por cuatro personajes anónimos y sobornados para mantener el secreto y legitimar su carácter genuino. El réquiem ha provocado debate desde entonces hasta la actualidad.

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