No rompas la cadena de frío de tus alimentos: evita la intoxicación

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La cadena de frío de alimentos es esencial para la seguridad alimentaria

 

A la hora de garantizar la seguridad alimentaria, es fundamental mantener una temperatura óptima en la cadena de frío. Todos los niveles de intermediación, desde los productores hasta los distribuidores y detallistas deben prestar suma atención en preservarla y evitar su perjuicio. De nada sirve este proceso de congelación sin la colaboración final del consumidor, último eslabón que debe esmerarse en protegerla.

 La cadena de frío es considerara como uno de los sistemas más eficaces para conservar los alimentos, y mantener todo su valor nutritivo. El uso del frío congelador reduce la velocidad de las alteraciones que echan a perder los productos y paraliza el crecimiento de microorganismos tóxicos y patógenos productores de enfermedades.

Esta cadena de frío implica un procedimiento compuesto por distintos eslabones que deben mantener intacta la ultracongelación del alimento hasta el momento de su consumo. Es primordial preservarlo a una temperatura de -18ºC: esta aplicación del frío permite conservar el sabor, la textura y valor nutritivo del alimento.

 El frío actúa sobre el metabolismo microbiano, ralentizando su desarrollo en refrigeración, y deteniéndolo en congelación. No obstante, el frío no elimina estos microorganismos: al descongelarse o incrementar la temperatura de un alimento refrigerado se facilita la reanudación de la actividad microbiana. Si se decide congelar de nuevo, éstos volverán a inhibirse pero su cantidad será mucho mayor, y una nueva descongelación los reactivará con mayor fuerza.

Los eslabones más débiles de la cadena de frío

En los tiempos de carga y descarga entre un intermediario y otro. El consumidor se convierte en responsable de la cadena de frío una vez introduce el alimento en su carro de compra hasta que éste llega a su congelador. Como consumidores, debemos mostrarnos sensatos en la ruta de compra: empezar por los productos no perecederos, continuar por los frescos y terminar por los congelados.

Los alimentos refrigerados y congelados requieren un transporte en bolsas isotermas con acumulador de frío o aislante para mantener la temperatura adecuada hasta su llegada a la nevera  o congelador del hogar.  Este tiempo no debe superar los 60 minutos.

El siguiente paso, la descongelación, debe realizarse de forma natural, dejando el alimento en su envase, dentro del frigorífico o en el lugar más frío de la casa. Es un método lento pero seguro y eficaz. Nunca debe exponerse al calor, y una vez quede descongelado, debe cocinarse inmediatamente para que no proliferen los gérmenes.

Manejar de forma controlada la cadena de frío de un alimento asegura su cuidado y salud, evita posibles intoxicaciones o infecciones alimentarias y mantiene intactos todos sus valores nutritivos. Porque la felicidad radica ante todo en la salud (George William Curtis).

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