¿Qué es el fallecimiento judicial y qué protocolo sigue?

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¿Qué ocurre ante un fallecimiento judicial y cómo debemos actuar?

El fallecimiento constituye el fin de la vida, y más allá de su esfera emocional, existe el marco jurídico. Al igual que ocurre con el nacimiento, ambos eventos deben ser reconocidos en el Registro Civil y debidamente regulados. Para definir las diferentes circunstancias que pueden envolver a un óbito existe terminología específica, como es el caso del fallecimiento judicial.

 

Protocolo de cadáver judicial e informe de autopsia

Cuando la causa de un fallecimiento se desconoce, y el médico no consigue responder ante tal suceso y certificar la defunción, ésta se convierte en un fallecimiento judicial. Al no poder acreditar la defunción de la persona e inscribirla en el Registro Civil, la conducta ante este suceso debe seguir unas pautas específicas determinadas por la orden judicial del país.

Los accidentes, muertes repentinas o las acciones criminales son algunos casos susceptibles de convertirse en fallecimientos legales. Ante estos incidentes, el juzgado pasa a hacerse cargo de la situación. Desde el despacho judicial correspondiente se ordena el traslado del cuerpo al Instituto Anatómico Forense asignado, dónde se realiza una autopsia para determinar la causa de defunción definitiva.

Sólo gracias a la autopsia podemos conocer los indicios de las causas del fallecimiento y según los resultados, seguir una vía judicial o permitir a los familiares seguir el curso habitual ante un fallecimiento natural.

En caso de querer incinerar el cuerpo del difunto, se necesita tener la aprobación del juzgado: éste puede conceder la autorización de incineración o denegarla. En cualquier caso, la decisión está entre sus manos y su juicio crítico.

En el año 2012 se estipula por parte de la Administración de Justicia un servicio judicial realizado por una única funeraria ya escogida y conocida. Ésta se encarga de recoger y trasladar el cuerpo inerte hasta el instituto Anatómico, lo que puede suponer un gasto a los allegados. Una vez realizado el transporte, y los procesos requeridos, la familia será quien decida y contrate la funeraria que se encargará de celebrar el funeral completo y conmovedor del fallecido.

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